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DESCUBRA LA LABOR DE FORMANDO VIDAS DE JUVENTUD CON UNA MISIÓN EN BOGOTÁ, COLOMBIA, A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UNO DE SUS NIÑOS

 

 

LA HISTORIA DE LILIA

 

 

Uno de los recuerdos de mi infancia son las peleas de mamá y papá… y después a papá tratando de quemar mi cuna.  Aún así, cuando tuve que escoger entre los dos, decidí estar con papá porque nunca recuerdo que mamá me hubiera dedicado tiempo.

Mamá fue brutalmente asesinada en las calles cuando yo tenía seis años.  Los rumores indican que los asesinos formaban parte de una cuadrilla de la muerte que trataba de “limpiar las calles.”  Papá, al sufrir la pérdida, se metió profundamente en las drogas… drogas fuertes… de las cuales nunca se ha recuperado.  Ninguna otra persona se ocuparía de mí, por lo que papá y yo vivíamos, respirábamos, comíamos y dormíamos en las aceras y en los callejones de Bogotá, Colombia. 

Cuando tenía siete años, un amigo y yo éramos carteristas para sobrevivir.  Sabíamos que era algo de mucho riesgo.  Una tarde, mi amigo robó la billetera de un hombre de negocios muy bien vestido.  Corrimos todo lo que pudimos, pero el señor sacó su revolver y le disparó dos veces a mi compañero en su espalda.  Él murió en el lugar.  Mientras yo estaba horrorizada, el hombre de negocios muy calmadamente se acercó, tomó su billetera y se fue caminando.

La vida en las calles es muy dura.  Papá y yo teníamos que estar trasladándonos de un lugar a otro y dormíamos en diferentes lugares cada noche, usábamos costales y periódicos como frazadas.  Una noche mientras dormíamos en la entrada de un teatro, con aproximadamente otras 10 personas de la calle, tuve una gran inquietud de que debíamos pararnos e irnos.  Esta inquietud se repetía tanto que desperté a papá.  Él no quería levantarse ni que nos fuéramos en esa gélida noche, pero yo insistí. Caminamos unas cuantas cuadras y cuando regresábamos a donde habíamos estado durmiendo, escuchamos los disparos reveladores “rat-tat-tat-tat” de las ametralladoras.  Los pistoleros habían rociado la entrada del teatro donde habíamos estado durmiendo unos minutos antes.  Papá y yo vimos las figuras tenebrosas entrar en un carro y partir ruidosamente.   Corrimos a donde nuestros amigos de la calle, pero todos estaban muertos.

Fue entonces cuando me di cuenta que había Alguien que me cuidaba.  Sin embargo, nadie, nunca antes me había descrito quien era

Un día una niña de la calle me contó con mucho entusiasmo sobre un grupo de cristianos que venían a la calle a darnos chocolate y sándwiches.  Cuando los conocí, no me cabía en la cabeza que ellos sentían una felicidad genuina de estar con nosotros.  Ellos sonreían, reían e inclusive abrazaban a algunos de los niños de la calle, cosa que difícilmente alguien hacía.  Yo me volví buena amiga de Jackie de Colombia y Anna de Suecia.  Ellas me invitaron al hogar ambulatorio de Juventud Con Una Misión llamado “El Otro Camino.”  Era una casa de apariencia normal donde me ofrecían desayuno, almuerzo, un lugar para bañarme y lavar la ropa, juegos, primeros auxilios y estudio Bíblico.  Me gustó la gente y el lugar, y por primera vez en mi vida, sentí que era amada y apreciada.  Yo les ayudaba, con la esperanza de poder estar más tiempo con ellas, hasta que finalmente Jackie y Anna me invitaron a pasar la noche.  Yo estuve varias noches hasta que recibí una invitación especial.  Podía estar en una casa de transición, 24 horas al día, siete días a la semana.  ¡Podía dejar las calles sin nunca tener que volver!



 
 Mi nuevo hogar se llamaba “El Oasis.”  Yo viví con otros 10 niños y niñas de las calles y varios padres que nos tenían mucha paciencia.  ¡Sí que era una “familia” ruidosa!  Pero me gustaba.  Era un “hogar” para mí.  Yo tenía diez años y la vida tenía un nuevo comienzo.  Acepté a Jesús en mi vida y estaba resuelta a nunca más regresar a las calles otra vez… con la ayuda de Dios. 

Después de varios meses comencé a asistir a una escuela especial para niños de la calle llamada “Luz y Vida.”  La escuela fue diseñada para nivelar a los menores, como yo, que no podían desempeñarse bien en los colegios usuales de la comunidad.  De hecho yo estuve allí por cinco años hasta que pude ingresar a un colegio normal.

Cuando tuve doce años fui invitada a vivir en mi hogar permanente, donde aun vivo.  Estamos localizados en un lugar campestre a solo quince minutos de la ciudad, rodeados de árboles, espacio, pasto y aire fresco.  Allí hay varios hogares a los cuales denominamos “La Heredad Restaurada.”  Yo amo a mi padre biológico, quien aún vive y se encuentra en las calles; sin embargo, considero a Esteban y Evie, sus hijos y el resto de la familia – la familia que Dios me ha dado en la Heredad para toda la vida.

Cuando tuve trece años, estuve durante las vacaciones del colegio con  “Generación con Propósito”,  un grupo de niños y adolescentes que comparten el amor de Jesús con otras personas en necesidad.  Muchas personas, incluyendo algunos presos de una cárcel de máxima seguridad aceptaron a Cristo cuando les conté como Jesús me había cambiado.  

Cuando tuve 20 años, me gradué del colegio y serví como colaboradora del grupo que cuida a los niños que viven en El Oasis.  Pero tuve un sueño más grande para mi vida.  Quise ser misionera.  Realicé la Escuela de Entrenamiento y la Escuela de Evangelismo con JUCUM Tyler en Texas, USA.  Allí conocí a mi esposo y ahora tenemos una hija que no tiene que experimentar los horrores que yo viví de la vida en la calle. 

Ahora tengo 26 años y anhelo servir a unos de los niños más pobres de la tierra: los niños de la India.  Espero que Dios abra las puertas para que pueda realizar mi llamado.



 

 


 

Lilia fue regenerada a través del compromiso de un equipo de Cristianos de Formando Vidas de Juventud Con Una Misión, (JUCUM) Colombia.  Su historia es verídica, pero no es la única.

JUCUM continúa ofreciendo a los niños de la calle las siete fases que le permitieron a  Lilia pasar de ser una niña de la calle a una cristiana vibrante y con un futuro.

  • La amistad comienza directamente en las calles
  • El centro ambulatorio El Otro Camino
  • El hogar de paso El Oasis
  • La escuela de nivelación y socialización Luz y Vida
  • La fase de regeneración a largo plazo en un ambiente familiar La Heredad Restaurada
  • Una familia permanente
  • Seguimiento como adultos.

En los últimos veintiseis años que el ministerio ha existido, docenas de niños y sus familiares se han alcanzado y regenerado a una vida de dignidad, esperanza y futuro.








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